Saunas Barcelona

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Hoy mi hermana tiene 21 años y yo 23, nunca volvimos a tener sexo, ni siquiera a besarnos en la boca, porque ambos sabemos que aquella noche irrepetible fue el sello de un simple amor de hermanos, que comenzo en el mismo momento en el que ella nació cuando yo tenia apenas dos añitos y durará hasta que no estemos mas en esta tierra. Lo nuestro no era carnal, solo lo fue esa noche porque asi lo sentimos los dos, pero inclusive en el momento mas caliente juntos ambos sabiamos que estabamos amandonos como hermanos que somos y que eso no volveria repetirse, solo estabamos marcando a fuego para siempre nuestro amor de hermanos. Aunque suene dificil de entender asi fue. Agustina siempre será mi hermana menor, esa chiquita con la cual creci y comparti mi vida desde que tengo uso de razón, a la que seguire cuidando hasta el dia en que me muera y a la que seguire amando incondicionalmente como mi hermana de sangre que es.

2. Seguía dejándose llevar por el suave ascenso de la escalera mecánica, con la vista puesta a la planta superior, pero su mente no iba en esa dirección precisamente. Sabía que detrás de su novio subía más gente, entre la que podría haber chicos de su edad, que sin duda tendrían sus ojos pegados a su exuberante cuerpo, chicas jóvenes y guapas (quizá las novias de algunos de esos chicos), que podrían transmitir en su mirada una pizca de envidia y/o admiración, hombres de cierta edad, maduros, que verían a Mónica como un deseo inalcanzable y lejano, y mujeres, quizá solteras de por vida o divorciadas, que reflejaban en sus ojos una expresión de indecencia y rechazo.

3. Nos acercamos a la cama y me arrodille ante ti, abrí tu pantalón y descaradamente tu virilidad apareció, la tome entre mis manos y llene mi boca con ella. Saboree cada milímetro, al igual que tu sabor y el calor que emanaba; vi la sonrisa en tus labios en respuesta a mis caricias. La humedecí completamente mientras mi lengua la recorría; la succione buscando tus líquidos, ¡deleitándome! Me atragante con tus testículos, los manejabas maravillosamente, permitiendo que cada uno de ellos inundara mi boca. Nos recostamos en la cama, ya no podíamos más. Tus besos y tus caricias me volvían loca, hicimos el amor de manera indescriptible; me apresaste entre la cama y tu ser, tu boca quemaba mi piel al recorrerla.

4. Mi gozo se vio truncado cuando se acercó el camarero. Me dio un susto de muerte. Me recompuse como pude y pude ver en sus labios como se dibujaba en su comisura una mueca maligna que dejaba ver que sabía lo que hacíamos. Laura pidió de postre fresas bañadas en champán y yo pétalos de flor bañados en chocolate blanco. Terminamos lo más rápido que pudimos porque a ambos las ganas de sexo nos podían. Pagué con mi tarjeta de crédito. Salimos a la calle y a apenas dos metros de la puerta del restaurante la agarré por la cintura acercando su cuerpo al mío y besando sus rojos labios. Estuvimos mucho tiempo besándonos, pasaron muchos taxis por delante de la puerta del restaurante. Paramos a uno y nos dirigimos al hotel aguantando las ganas de besarnos y tocarnos por aquello de mantener la corrección.