Sado Madrid

Ama para sado erótico y fetichismo

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Dominación y sumisión

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Cierro los ojos y siento que no hay nadie allá afuera, sólo estamos él y yo, y el fuego que arde dentro de nosotros. El mundo podría hundirse bajo mis pies y no me importaría porque él esta conmigo y yo estoy con él. Una de mis manos se desliza hasta su miembro erecto. Lo acaricio suavemente, pero enseguida debo abandonarlo, porque él se agacha. Besa mis senos, los chupetea y sigue hacía bajo por mi vientre hasta llegar a mi sexo. Abro las piernas y siento su dedos moviéndose diestramente, acariciando, y haciendo que la excitación suba y mi respiración se vuelva jadeante. Noto su lengua sobre mi clítoris moviéndose sinuosamente. Suspiro profundamente, mientras con mis manos empujo su cabeza hacía mi sexo. Su lengua baila de mi vagina a mi clítoris alternativamente y las piernas empiezan a flaquearme. Por eso, él se pone en pie y me lleva hasta la cama. Me siento en el borde y abro mis piernas, mientras él se arrodilla entre ellas. Hurga de nuevo entre mi pelo púbico, introduce un dedo en mi vagina y mi cuerpo se tensa. Luego acerca su boca a mi sexo y empieza a lamerlo. Gimo y me estremezco al sentir su boca y me acuesto sobre la cama, mientras él sigue lamiendo e introduciendo un par de dedos en mí de vez en cuando.

2. Antes de que la excitación acabara con el juego ella se detuvo, él estuvo a punto de quejarse pero ella se lo impidió con un gesto de sus brillantes ojos. Él guardó silencio, estaba disfrutando de la sensación de sentirse dominado, era algo nuevo para él que siempre había controlado la situación, seguramente porque nunca había llegado a confiar plenamente en ninguna de las mujeres que compartieron su cama, pero con Yadira era distinto, confiaba en ella plenamente, la deseaba tanto que le dolía, tanto que no le hubiera importado caer por su espada, aunque, claro está, prefería mil veces compartir su lecho y disfrutar de los placeres que su cuerpo escondía.

3. Por fin, mi boca se fundió ávidamente a los pulposos labios, batiéndome entre la repulsión y un impulso innato, en un beso intenso y febril, y mi lengua buscó la suya; mas no encontré tal. Hurgando hasta lo más profundo, no había dientes. Una lengüita pequeñita, en una comisura de la boca, se paseaba al vaivén de la mía. Mi saliva entremezclada con la suya viscosa, saboreaba el agridulce torrente fluyendo de su inconmensurable profundidad. Fuertes columnas hercúleas, de brazos cual molinos de viento se agitaban y se engarzaban fuertes a mi cráneo; con ayuda de ellos, aquella boca no consentía dejar huir a su presa. En furor intenso y agitación constante, quería engullirme por completo. Me fatigué de besarla, ciertos vellos de sus labios picaban mis carrillos; la boca no pudo succionarme, y sus fuertes extremidades me liberaron exhaustos. Así permanecí segundos observándola, sus gruesos labios ahora henchidos por el fragor, permanecían palpitantes; balbuceando algo. No pude evitar en esos momentos, recordar al negro del saxofón con sus nauseabundos labios de secreción hedionda y verdosa; fuertes espasmos estomacales deseaban explotar fuera de mí. En medio de la intensa oscuridad de la noche, elevé mi vista hasta la cumbre de la majestuosa montaña, y escalando trémulo hacia ella, vi el fulgor de la mañana de un sol radiante; era el rostro del ángel, y dos resplandores en su rostro iluminándome, una nariz pequeñita, y los labios de grana entreabiertos…y me fundí con ella; penetrando sus entrañas entre baladros de pasión.

4. En ese momento sublime increíblemente solo acerté a preguntarle que por que aun estaba vestido. El se solo rió, seguro pensó que comentario mas inapropiado para ese justo instante. Yo también me reí mientras lo veía levantarse de la cama y quitarse la ropa. Quede transfigurada al observar por vez primera su cuerpo desnudo y demudada al ver que tan firme y excitado se encontraba. Ciertamente había sentido su erección en ocasiones anteriores pero nunca lo había visto de esa forma y fue en ese momento que mi amigo, mi compañero, mi cómplice se convirtió en un hombre ante mis ojos. Se acerco a mi y se tumbo a mi lado en la cama. Debo admitir que al principio me encontraba un poco asustada. Aun después de lo que acababa de pasar no es lo mismo ver a un hombre vestido que sin ropa, me sentía extraña de estarnos abrazando así piel con piel sin nada entre nosotros. Rápidamente me acostumbre a sentir su tacto. Acaricie sus brazos, palpe los bellos que los cubren y que siempre me han fascinado, ascendí por sus hombros mientras me sentaba sobre el con mi pubis presionando el suyo.