Sado Barcelona

Ama para sado erótico y fetichismo

Hola. Mi nombre es Lana y soy una sensual latina que te dejará sin aliento. Me encanta disfrutar del placer que supone mantener intensos encuentros íntimos con caballeros elegantes y educados que sepan apreciar la compañía de alguien como yo. Rubia y sexy, poseo un cuerpo provocativo, dibujado con excitantes curvas, que esperan tus caricias. En la intimidad, nos sumergiremos en un clima de sensualidad y erotismo hasta estremecer de placer.

Soy una mujer totalmente liberal, una ama imperdible. En un encuentro conmigo podrás difrutar de servicios como: Sado erótico, fetichismo, dominación, sumisión y BDSM. Inicíate conmigo en sado en Barcelona.

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Dominación y sumisión

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Al pararme noto que tengo una ereccion como nunca- y no es para menos- beso tus labios y recorro tu pecho admirando esos senos preciosos coronados por un pezon grande, los recorro con mi lengua y mis dientes, tu respiracion aumenta al igual que mi excitacion. Los lamo con determinada pasion los muerdo cada vez mas fuerte y a mayore velocidad. Beso tu vientre y paso mi lengua lentamente por tu ombligo y retiro el vestido pòr completo. Llevas una tanga deliciosa nunca te desee como ahora arranco lo demas de turopa y recorro el calor de tu entrepierna, el olor me cautiva y me excita aun mas.

2. Mirando a través del escaparate vio a Marisa cruzar la acera en dirección a ella y pensó, por un momento, que no estaría mal que un coche pasara por encima de ella, dejándole el camino libre con Raúl. A pesar de lo que habían hablado en el hospital el joven y ella, no estaba nada convencida con lo que él le dijo, y quería a toda costa acabar a su lado, si cabe, ahora más que nunca. Y ya no pensaba ser ella la que siempre sufriera. Durante el tiempo que había estado en cama, se había dado cuenta de que nadie mostraba sinceridad al hablar con ella en el hospital, sólo sus padres. Ni las vecinas, ni las compañeras del instituto que la conocían de toda la vida. Nadie. Todos la miraban como a un bicho raro, una incomprendida, algo inferior, enfermo, despreciable, y pensó, por una vez, en su felicidad, y no en lo que pudieran pensar los demás al verla hacer las cosas. La chica tímida y vergonzosa se había transformado en la chica fría y egoísta.

3. Cayó sobre mí. Su espalda contra mi pecho. Se desplazó dándome la espalda y se dejó caer sobre un costado. El silencio invadía la habitación del hotel. Alcancé a coger la sábana para tapar nuestros cuerpos desnudos. Ella seguía dándome su espalda, la abracé por detrás y le besé tiernamente en el cuello y la nuca. Mi mano se desplazó por su vientre hacia arriba hasta coger un pecho. Ella besó mi otro brazo que le ejercía de almohada. Nos dormimos. A la mañana siguiente desperté junto a ella tal cual nos habíamos acostado. Era tarde, mi reunión de la mañana estaba echada a perder. Cogí mi teléfono móvil y llamé a la empresa diciendo que me encontraba mal y que aplazaría la reunión para el lunes siguiente. Ella despertó. Me miró marcando una sonrisa en su preciosa boca. –Me has despertado.- lo pronunció con un tono suave y melodioso, no de reproche. Alargó la mano hasta su teléfono móvil y se dispuso a poner la misma excusa a su compañía. Después de cinco minutos de charla con su secretaria colgó el teléfono. Para entonces yo me encontraba a su lado dispuesto a pasar el mejor fin de semana que jamás haya tenido persona alguna.

4. Así que Mónica no llevaba ropa interior. No era algo inusual en ella, incluso antes de iniciar su relación con Marcos ya lo había probado en diversas ocasiones. Le gustaba sentirse liberada de esas pequeñas prendas, aunque también sabía usarlas con enorme conocimiento cuando la ocasión lo requería. Al levantarse aquella mañana de la cama, junto a su novio, Mónica se duchó y se dispuso a escoger la ropa que se pondría aquel día. Empezando con el morbo habitual entre ellos dos, le preguntó a Marcos, en un tono socarrón, que deseaba que se pusiera para vestirse. Él, acostumbrado ya a estas preguntas, le respondió desde el baño que no era necesario que se pusiera nada. Se refería a la ropa interior, por supuesto. Mónica, ni corta ni perezosa, le hizo caso, y se vistió tal como se encontraba en esos momentos en unos grandes almacenes.