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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Entre en la habitación, te encontrabas de espaldas, secando las pequeñas gotas de agua en ti, disfrute observando tu cuerpo varonil, tu enorme espalda, tus nalgas duras y apretadas, sentiste mi mirada y giraste suavemente para dedicarme una sonrisa, tenias algo de prisa te esperaba un día de arduo trabajo en la oficina, pero yo no estaba dispuesta a que te fueras tan pronto, insinué que tenia una sorpresa que no podía esperar, te quedaste pensando que posición tomar, me acerque a ti y te brinde mi boca, me diste un beso rápido y me dijiste "en la noche", pero yo busque tu sexo mientras introducía mi lengua en tu boca, sentí tu indecisión, mis manos son expertas en tu cuerpo, inmediatamente sentí la respuesta a mis caricias, baje hasta él y lo recorrí dejándolo completamente húmedo y lleno, mientras mis manos recorrían tus nalgas con la yema de los dedos, mis dedos buscaron tu raja sorprendido las apretaste, pero yo inmediatamente absorbí tu verga con mi boca y poco a poco la tensión fue disminuyendo.

2. Yadira se puso en pie y le besó con pasión dejándole a mitad del beso, sediento de ella. Se apartó un poco para que él pudiera verla y deslizó la tela por sus hombros dejándola caer al suelo con un suave susurro y se quedó allí, quieta, desnuda frente a él, dejándole recorrerla con sus ojos, comérsela con la mirada. El pene de él se hinchó un poco más con la exquisita belleza de su desnudez; los pezones de ella se endurecieron volviéndose de un tono rosa oscuro y contrastando con la blanca piel de sus pechos y su entrepierna. Hacía frío en los calabozos, y la piel se le puso de gallina, pero aún así le dejó mirarla hasta que su propia calentura no le dejó más remedio que pasar a la acción. Soltó las cadenas liberando sus brazos, no así sus manos que seguían unidas entre sí por unos 40 centímetros de cadena. Él quiso tomar el control, pero ella se lo impidió, le tomó de los cabellos y le obligó a bajar el rostro hasta sus pechos.

3. Estuve un rato tomando el sol boca arriba, cuando me aburrí de esa postura me di la vuelta, ella seguía leyendo, me armé de valor y le dije: -Un libro muy interesante, una autentica obra maestra.- Giró su cabeza y me miró a los ojos. Con una calida voz suave me respondió: -Sí es muy interesante, la verdad es que se agradece tener un libro entre manos cuando se pasa tanto tiempo sola de aquí para allá.- Le pregunté que como es que pasaba tanto tiempo sola y me respondió que se debía a que trabajaba como ejecutiva de una multinacional y se pasaba el día de viaje. Poco a poco la conversación se fue animando. Me dijo que se llamaba Laura. Mientras hablábamos no podía evitar que mi mirada se dirigiera de continuo a sus pies, eran preciosos. Nos levantamos y nos dirigimos al bar de la piscina. Seguimos nuestra conversación, ella se dio cuenta de que me fijaba en sus pies. En un momento dado me miró a los ojos fijamente y cruzó las piernas sobre la banqueta del bar de tal manera que su pie descalzo pegaba sobre mi muslo interior. Seguí la conversación como si nada, intentando evitar su mirada porque me dejaba el alma congelada. Estuvimos toda la tarde hablando, cogimos confianza. Nos caímos tan bien que decidimos quedar para ir a cenar por la noche. Le dije que iríamos a un restaurante que conocía de cuando tenía reuniones de negocios, era del estilo de la nueva cocina, pertenecía a un destacado alumno de la escuela de Ferrán Adriá. Quedamos a las nueve y cada uno se retiró a su habitación a ducharse y vestirse.

4. Te empuje hacia atrás, quedando yo al dominio del placer. Tus manos amasaban mi pecho, los colmabas de besos. Apretabas mis nalgas, abriéndolas despacio, metiendo entre ellas tus dedos buscando por donde más penetrarme. Mi cuerpo temblaba, sucumbía de placer y junto con el tuyo, fueron cubriéndose de roció, que al contacto con nuestra piel hervía al instante. La noche empezaba a envolvernos, la luna distante con su manto de estrellas nos envidiaba. Irradiábamos luz propia, encontrándonos al rojo vivo; mi botón al roce con tu pubis estaba listo para explotar. Mis movimientos fueron cada vez más embravecidos, transportándonos al cielo en un instante.