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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Nos abrazamos fuertemente mientras me recostaba sobre la mesa, a la vez que volcaba las copas y el tipo del bar se iba, bajaron las luces y todo fue besos, caricias, quejidos, susurros de esos que te hacen temblar y, mi cuello, pobrecito del..... recibía los mejores besos que jamás a recibido. Mis senos, calientes de tantas caricias, salieron de mi sostén blanco tal cual fueran alimentar un bebe, y él, tiernamente, poso esos exquisitos labios en ellos, mientras una de sus manos se colaba bajo mi falda buscando mi secreto, ese que luego recibiría todo el fuego de aquel tipo desconocido. Después de aquel encuentro furtivo, y de tener sexo en un bar solo para nosotros dos, jamás volví a estar con él, ni siquiera supe su nombre, solo me quedo el lindo recuerdo de un macho riquísimo que me amó como si hubiera estado guardando esa pasión para mí durante mucho tiempo y al cual, mientras gemía disfrutando de tanto placer en medio de un desenfrenado mete y saca, desnudos sobre una mesa, mirándonos lujuriosamente, llamé Víctor.

2. Cuando dejo de convulsionarme, me coges en brazos, entramos en la habitación y me depositas en la cama. Te desnudas mientras te observo. Me encanta ver como te desvistes para mí, lo haces despacio, demorando el momento, haciendo que me impaciente, hasta que por fin tu sexo erecto, aparece ante mí y acerco mi boca a él para venerarlo, sentándome en el borde de la cama. Tú estás de pie frente a mí, acaricias mi mejilla y yo abro la boca, la cierro sobre tu miembro erecto y empiezo a chuparlo con mucha delicadeza. Me encanta deleitarme en su sabor, sentir como resbala por mi boca, entrando y saliendo de ella, sentir la suavidad de tu piel y el calor. Muevo la lengua serpenteando alrededor de tu miembro viril, acaricio su piel con los dientes. Tus manos se posan sobre mi cabeza, deshacen el moño que me hice antes de salir y dejas caer mi pelo largo y liso sobre mis hombros, enredas tus dedos en él y diriges los movimientos. Te observo, tus ojos están cerrados, sé que estas disfrutando, que te encanta sentir mi boca caliente y húmeda alrededor de tu sexo. Y a mí me encanta saborearlo. Cada vez gimes más fuerte, por lo que haces que me detenga, me acuestas sobre la cama. Te arrodillas frente a mí, separas mis piernas, coges las braguitas por la goma y tiras hacía abajo, quitándomelas con lentitud, mientras besas mis piernas sensualmente. Dejas las bragas a un lado y asciendes beso a beso por mi pierna derecha hasta la ingle, luego repites la operación con la izquierda, yo te miro expectante, y tras eso, acercas tu boca a mi sexo, sacas la lengua y lames. Mi cuerpo se tensa al sentir ese contacto y empiezas a chupar mi clítoris, a lamerlo, a idolatrarlo haciéndome retorcer de gusto y deseo. Tu lengua se enreda en mis labios vaginales, se introduce en mi oscuro agujero y un nuevo gemido escapa de mi garganta. Te deseo y sé que me deseas, necesito tenerte dentro de mí, dejar que la luna derrame su luz sobre nuestros cuerpos mientras se une en un baile de pasión. Por eso, no demoras más el momento. Te levantas, te pones sobre mí, me miras a los ojos profundamente, sonríes y siento como tu sexo entra en el mío despacio, con calma, hasta llenarme completamente. Y nos quedamos así, unidos unos segundos, quietos, mirándonos, sin decirnos nada. Sólo sintiendo el calor de nuestros cuerpos.

3. Estuve un rato tomando el sol boca arriba, cuando me aburrí de esa postura me di la vuelta, ella seguía leyendo, me armé de valor y le dije: -Un libro muy interesante, una autentica obra maestra.- Giró su cabeza y me miró a los ojos. Con una calida voz suave me respondió: -Sí es muy interesante, la verdad es que se agradece tener un libro entre manos cuando se pasa tanto tiempo sola de aquí para allá.- Le pregunté que como es que pasaba tanto tiempo sola y me respondió que se debía a que trabajaba como ejecutiva de una multinacional y se pasaba el día de viaje. Poco a poco la conversación se fue animando. Me dijo que se llamaba Laura. Mientras hablábamos no podía evitar que mi mirada se dirigiera de continuo a sus pies, eran preciosos. Nos levantamos y nos dirigimos al bar de la piscina. Seguimos nuestra conversación, ella se dio cuenta de que me fijaba en sus pies. En un momento dado me miró a los ojos fijamente y cruzó las piernas sobre la banqueta del bar de tal manera que su pie descalzo pegaba sobre mi muslo interior. Seguí la conversación como si nada, intentando evitar su mirada porque me dejaba el alma congelada. Estuvimos toda la tarde hablando, cogimos confianza. Nos caímos tan bien que decidimos quedar para ir a cenar por la noche. Le dije que iríamos a un restaurante que conocía de cuando tenía reuniones de negocios, era del estilo de la nueva cocina, pertenecía a un destacado alumno de la escuela de Ferrán Adriá. Quedamos a las nueve y cada uno se retiró a su habitación a ducharse y vestirse.

4. Entro en la habitación, ésa que decoraste especialmente para nuestros apasionados encuentros, con telas de color rojo, tanto en las cortinas como en la ropa de cama e incluso vistiendo las paredes de telas de raso rojas. Tú me sigues, abro el balcón y salgo para observar la luna, apoyada sobre la baranda elevo mis ojos al cielo. Te acercas a mí, me abrazas por detrás, pegas tu cuerpo al mío y noto tu sexo erecto sobre mi culo. Siento tu boca sobre mi nuca, la besas suavemente y mi cuerpo se estremece. Ninguno de los dos dice nada, los sentidos, los gestos, hablan por nosotros. La luna nos observa desde su azul firmamento. Tus manos se posan sobre mis caderas, las acaricias con suavidad, mientras sigues besando mi cuello, en un dulce camino hasta mi hombro derecho, que muerdes suavemente, mientras tus manos acarician mi vientre y suben la falda del vestido, para acariciar mis muslos apaciblemente.