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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Mónica pensaba en todo eso, quizá no era exactamente así, quizá su imaginación iba demasiado deprisa, pero le gustaba sentirse observada, ser el centro de atención… de hecho, le encantaba. Tenía un cuerpo bonito, atractivo para la gran mayoría de los hombres…y de no pocas mujeres. Bajo su minifalda se vislumbraban unos muslos bien bronceados, al igual que el resto de su piel (incluso la que no era visible), y que se veían tremendamente sensuales y deseables. El aspecto de sus piernas era inmejorable, y es que a pesar de ser una muchacha muy dinámica y que siempre andaba ocupada, siempre disponía de unos minutitos para cuidárselas, y sin vislumbrarse ningún rasguño ni irregularidad, su piel confería un aspecto fino y suave.

2. Mirando a través del escaparate vio a Marisa cruzar la acera en dirección a ella y pensó, por un momento, que no estaría mal que un coche pasara por encima de ella, dejándole el camino libre con Raúl. A pesar de lo que habían hablado en el hospital el joven y ella, no estaba nada convencida con lo que él le dijo, y quería a toda costa acabar a su lado, si cabe, ahora más que nunca. Y ya no pensaba ser ella la que siempre sufriera. Durante el tiempo que había estado en cama, se había dado cuenta de que nadie mostraba sinceridad al hablar con ella en el hospital, sólo sus padres. Ni las vecinas, ni las compañeras del instituto que la conocían de toda la vida. Nadie. Todos la miraban como a un bicho raro, una incomprendida, algo inferior, enfermo, despreciable, y pensó, por una vez, en su felicidad, y no en lo que pudieran pensar los demás al verla hacer las cosas. La chica tímida y vergonzosa se había transformado en la chica fría y egoísta.

3. Mónica, ese día, le sorprendió muy gratamente. Llevaba puesto un vestido totalmente negro, muy elegante, de una sola pieza, que le cubría casi la totalidad de su cuerpo, exceptuando sus sensuales pies y un incansable y siempre sugerente escote. Si figura y la sinuosidad de sus curvas se apreciaban mejor que nunca, aunque, eso sí, bajo un tela fina negra. Mónica estaba radiante, hermosa. Marcos, a su lado, tuvo la sensación que debía cuidarse y arreglarse más, aunque se trataba de un chico guapo, simpático, y con un encanto especial. Se sentaron en la zona céntrica del restaurante. Estaban rodeados por otras parejas que deseaban pasar una velada romántica en ese distinguido restaurante. Pidieron lo que iban a tomar, y empezaron a hablar de sus cosas, a veces de forma caótica, yendo de un tema a otro, pero siempre terminaban la charla recordando lo mucho que se querían. Comieron con entusiasmo el primer y el segundo plato, y justo cuando habían pedido los postres, Mónica se disculpó y se dirigió al baño.

4. Al salir me tomaste de la mano y me llevaste a un rincón. Repagaste tu cuerpo al mío, la gente pasaba y observaba, pero no importaba, tomaste mi mano y la guiaste hasta tu bulto hinchado, introduje disimuladamente mi mano y le toque. ¡Que delicia!, sentí el calor y la humedad mientras tu lengua y la mía danzaban desesperadas. Tus brazos me rodeaban aprisionando mi cuerpo. Tratamos de contenernos y seguimos caminando buscando un lugar donde estar a nuestras anchas. Era difícil controlarnos, cada rincón oscuro era un pretexto para abrazarnos. Por fin encontramos un pequeño lugar, no lo que hubiéramos querido, pero al fin y al cabo estaríamos solos. Al entrar y cerrar la puerta, me atrapaste entre la pared. Metiste tu enorme lengua en mi boca mientras tus manos recorrían mi cuerpo. Mi corazón latía con fuerza, no me daba cuenta de lo que hacía, solo eran sensaciones que nunca olvidare.