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Hola. Me llamo Farah Damian y soy una sensual escort libanesa, una chica elegante y con clase digna de protagonizar un cuento de Las Mil y Una Noches. Ocasionalmente trabajo como modelo y entre mis aficiones se encuentra visitar los lugares de moda y la buena mesa. Bailar y viajar forma parte, también, de mis aficiones más íntimas. Entregada y desinhibida, me gusta implicarme en cada una de mis citas para dar lo mejor de mí y convertir cada encuentro en una aventura inolvidable. Dulce y lujuriosa a partes iguales, puedo ser para ti la novia más cariñosa que hubieras podido imaginar o una gata salvaje y lasciva dispuesta a devorarte. ¿Qué Farah quieres conocer? Llámame y cuéntamelo. Seguro que buscamos un hueco para vernos. Seguro que, después, quieres repetir.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. "esta noche es toda nuestra hermanito", me decia ella con voz entrecortada por la exitacion del momento. Entonces sin dejar de lamerla por todos lados, me moví a un costado de ella para poder introducirle el dedo pulgar de mi mano en su sexo que derramaba líquidos de dioses, y no sin antes acariciar ese precioso par de piernas que Dios le dio, Le introduje el dedo rápido ya que tenia apuro de lubricarlo con sus jugos para retirárselo lentamente y ahora introducir lentamente el dedo índice y medio en su sexo al mismo tiempo que le acariciaba el culo con el pulgar lubricado de tal manera que después de algunos minutos cuando empezó a acercarse su venida y para ayudarla, le metí el dedo pulgar dentro del culo y al sentirlo, se recargó, tratando de ayudar, dando cabida a ese instrumento de placer. Una ves que le introduje todo el dedo, con los otros dos que todavía estaban afuera, le acaricié el clítoris y para mi placer, sentí como agus se estaba viniendo, gimiendo, tratando de apretar mis dedos con sus piernas y tratando de recibir mi pulgar en lo mas profundo de su vagina, apoyándose únicamente con su mano derecha y con la izquierda obligándome a acercar mi rostro para regalarme el más húmedo de los besos de esa noche. No hace falta aclarar que fue la sensación mas extraña y exitante de toda mi vida, estaba tomando los jugos vaginales de mi propia hermana, estaba loco de amor por ella y estaba dispuesto a estar un año seguido en ese lugar haciendole el amor si hubiese sido posible.

2. Davor se había presentado a ella semanas antes, como emisario de un reino cercano con el que pretendía establecer prósperas relaciones comerciales, tenía una pícara sonrisa y todas las mujeres del castillo decían de él que era un auténtico sinvergüenza, aún así era respetuoso y casi cariñoso con Yadira, la mujer, que tan sólo aceptaba a los hombres para satisfacer sus ocasionales apetitos, se había dejado caer en sus redes. Muy a regañadientes, se vio obligada a admitir que sus hermosos ojos color miel la volvían loca, no tanto por su color sino por lo que sus miradas la hacían sentir y le dejaban entender. Su cabello negro y corto en el que ella había deseado enredar sus dedos, su cuerpo musculoso, entrenado a fuerza de manejar la espada, incluso su firme trasero la hacía sentirse juguetona. Se regañaba a sí misma por perder los papeles cada vez que él estaba presente, normalmente la serenidad, frialdad y casi indiferencia la escudaban en cada acto, pero nunca cuando él estaba cerca. Nunca con Davor.

3. Me pego a ti, trato de provocarte, me bajas los tirantes del vestido muy despacio, por mis brazos, luego lo dejas caer al suelo. Recuesto mi cabeza sobre tu hombro, acercas tus labios a los míos y nos besamos. Mis manos se adentran entre tu cuerpo y el mío y toco tu sexo erguido por encima de la tela, esta tieso, erecto. Lo acaricio con suavidad. Te deseo y sé que me deseas, pero nos detenemos en las caricias, en el juego de seducción que envuelve este momento. Tus manos recorren mis brazos hacia mis hombros y luego se acercan a mis senos. Los acaricias por encima del sujetador. Nuestros cuerpos se calientan mutuamente. Metes tus manos entre mi piel y el sujetador, pellizcas mis pezones y todo mi cuerpo se estremece. Entretanto he conseguido bajarte la cremallera del pantalón y he metido la mano dentro, pero tú la sacas con paciencia. Quieres alargar más el juego. Me inclinas sobre la baranda, haciendo que te muestre mi culo y lo acaricias por encima de las braguitas, luego las apartas y acaricias mi sexo, siento tus dedos hurgando en mis labios vaginales, se introducen en mí y un gemido escapa de mi garganta. La luna sigue atenta la escena. Empiezas a mover los dedos, dentro y fuera de mí, provocándome dulces gemidos de placer. Deseo más, mucho más, pero tú me torturas con esas caricias durante un largo espacio de tiempo, el suficiente para conseguir que me corra de placer.

4. Yadira golpeó el agua con el puño y se irguió malhumorada de la bañera dejando caer el agua tibia por su cuerpo, que brillaba bajo el danzante baile de las llamas de las velas. Se echó una bata de fina seda negra sobre el cuerpo que, si bien la cubría por completo, era lo bastante fina como para dejar entrever lo que había debajo; así ataviada salió de su aposento en dirección a los calabozos. Necesitaba saberlo, necesitaba oírselo decir. Sus pies descalzos resonaron en la lóbrega piedra de la escalinata, con un gesto ordenó al soldado que estaba de guardia que se marchara y los dejara a solas, éste le tendió la llave y se alejó de allí sin hacer preguntas. Yadira hizo girar la llave en la cerradura y la puerta se abrió con un desagradable chirrido. Davor estaba allí, con los brazos en alto firmemente sujetos por argollas que colgaban del techo, le había quitado la armadura y ahora tan solo llevaba los calzones de cuero negro y las botas, su torso estaba totalmente desnudo y dejaba ver varias heridas del arma de Yadira. La mujer tuvo que hacer un esfuerzo para no correr a liberarlo, se encaró con él haciendo gala de su gesto más indiferente, aunque él sabía que el fuego ardía en su interior.