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Soy Lucía, una señorita dulce y educada que se transforma en la intimidad. Me gusta el ejercicio físico y cuidar mi cuerpo en el gimnasio. Mi cabello rubio natural y mis ojos claros me dan una imagen angelical, algo que se confirma con mi cariñoso y exquisito trato. Femenina y tierna, la chica que muchos hombres desean tener como novia. Pero cuando se cierra la puerta del dormitorio y las prendas se van desprendiendo de mi cuerpo, poco a poco me voy convirtiéndome en una amante morbosa e insaciable. Al fin y al cabo soy una mujer y me gusta mucho el sexo ...

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. En ese momento sublime increíblemente solo acerté a preguntarle que por que aun estaba vestido. El se solo rió, seguro pensó que comentario mas inapropiado para ese justo instante. Yo también me reí mientras lo veía levantarse de la cama y quitarse la ropa. Quede transfigurada al observar por vez primera su cuerpo desnudo y demudada al ver que tan firme y excitado se encontraba. Ciertamente había sentido su erección en ocasiones anteriores pero nunca lo había visto de esa forma y fue en ese momento que mi amigo, mi compañero, mi cómplice se convirtió en un hombre ante mis ojos. Se acerco a mi y se tumbo a mi lado en la cama. Debo admitir que al principio me encontraba un poco asustada. Aun después de lo que acababa de pasar no es lo mismo ver a un hombre vestido que sin ropa, me sentía extraña de estarnos abrazando así piel con piel sin nada entre nosotros. Rápidamente me acostumbre a sentir su tacto. Acaricie sus brazos, palpe los bellos que los cubren y que siempre me han fascinado, ascendí por sus hombros mientras me sentaba sobre el con mi pubis presionando el suyo.

2. Te exigí que entraras en mi, formar un solo ser, llegar a la mas profunda unión de dos seres, mis labios inflamados estaban dispuestos a recibirte, sentí tu sexo duro, palpitante entrar poco a poco, llenar completamente mi espacio; tu cadera y la mía danzaron al mismo compás, mientras recorrías con tus manos cada pliegue de mi piel, el vaivén iba creciendo mas y mas a cada segundo, eras dueño del momento, cabalgabas lujurioso mi cuerpo y buscaste la manera de satisfacer mis anhelos inventando piruetas. Cerré mis ojos y concentre todo mi pensamiento en las sensaciones que estaban a punto de estallar, de repente nuestros cuerpos llegaron al espasmo, temblando involuntariamente, tu cuerpo lánguidamente cayo entre mis brazos, te estreche fuertemente tratando de fundir tu cuerpo al mío, disfrutando cada instante de ese dulce regalo, bese tu cara, tu sudor se mezclo al mío y por fin pude preguntar: ¿Cómo te llamas?

3. Te empuje hacia atrás, quedando yo al dominio del placer. Tus manos amasaban mi pecho, los colmabas de besos. Apretabas mis nalgas, abriéndolas despacio, metiendo entre ellas tus dedos buscando por donde más penetrarme. Mi cuerpo temblaba, sucumbía de placer y junto con el tuyo, fueron cubriéndose de roció, que al contacto con nuestra piel hervía al instante. La noche empezaba a envolvernos, la luna distante con su manto de estrellas nos envidiaba. Irradiábamos luz propia, encontrándonos al rojo vivo; mi botón al roce con tu pubis estaba listo para explotar. Mis movimientos fueron cada vez más embravecidos, transportándonos al cielo en un instante.

4. En la parte superior llevaba una sencilla pero gustosa camiseta de tirantes, que dejaba a la vista de todas las miradas su ombligo, y la estrechez de la misma hacía a su vez de sujetador de unos pechos excepcionalmente sugerentes, generosos en su tamaño, y sensualmente voluptuosos. Su pelo, de un negro intenso, era largo y liso, cayéndole por sus hombros y su menuda espalda, y era inusitadamente suave, tal como se podía apreciar al menor movimiento de su cabeza. Su cuerpo era excepcional, quizá no mejor que el de muchas otras chicas que se creían en inferioridad, pero sabía como realzarlo y como sacar el máximo partido a sus curvas. Resultaba enormemente provocativa, simplemente con verla a lo lejos, y ella era plenamente consciente que su cuerpo era objeto de deseo sexual para la mayoría de los hombres con que se cruzaba.