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Relax con escorts y acompañantes de lujo

Mi apodo es Adana, mujer polifacética, catalana mediterránea 100x100, ofrezco autenticidad por delante de todo. Me caracteriza una personalidad muy mía, ni mejor ni peor, sí distinta, marcando mi yo y esencia personal con unos valores que se interiorizan e exteriorizan a la vez, dejando así mostrar esta parte especial tan mía. Así soy Yo. Realizo encuentros esporádicos, puntuales con cita previa, pues compagino mi actividad como escort con mi ocupación y profesión de manera muy discreta y casual. En mi currículum personal, acredito mis trabajos en publicidad e imagen para distintas firmas. Por lo que la discreción es un valor esencial para mí. Terapeuta tántrica y masajista profesional, nuestros encuentros tendrán un valor añadido. A mi lado, sentirás siempre que estás en buenas manos. Conéctate a lo más profundo y comparte.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Nos acercamos a la cama y me arrodille ante ti, abrí tu pantalón y descaradamente tu virilidad apareció, la tome entre mis manos y llene mi boca con ella. Saboree cada milímetro, al igual que tu sabor y el calor que emanaba; vi la sonrisa en tus labios en respuesta a mis caricias. La humedecí completamente mientras mi lengua la recorría; la succione buscando tus líquidos, ¡deleitándome! Me atragante con tus testículos, los manejabas maravillosamente, permitiendo que cada uno de ellos inundara mi boca. Nos recostamos en la cama, ya no podíamos más. Tus besos y tus caricias me volvían loca, hicimos el amor de manera indescriptible; me apresaste entre la cama y tu ser, tu boca quemaba mi piel al recorrerla.

2. Entro en la habitación, ésa que decoraste especialmente para nuestros apasionados encuentros, con telas de color rojo, tanto en las cortinas como en la ropa de cama e incluso vistiendo las paredes de telas de raso rojas. Tú me sigues, abro el balcón y salgo para observar la luna, apoyada sobre la baranda elevo mis ojos al cielo. Te acercas a mí, me abrazas por detrás, pegas tu cuerpo al mío y noto tu sexo erecto sobre mi culo. Siento tu boca sobre mi nuca, la besas suavemente y mi cuerpo se estremece. Ninguno de los dos dice nada, los sentidos, los gestos, hablan por nosotros. La luna nos observa desde su azul firmamento. Tus manos se posan sobre mis caderas, las acaricias con suavidad, mientras sigues besando mi cuello, en un dulce camino hasta mi hombro derecho, que muerdes suavemente, mientras tus manos acarician mi vientre y suben la falda del vestido, para acariciar mis muslos apaciblemente.

3. Por fin, mi boca se fundió ávidamente a los pulposos labios, batiéndome entre la repulsión y un impulso innato, en un beso intenso y febril, y mi lengua buscó la suya; mas no encontré tal. Hurgando hasta lo más profundo, no había dientes. Una lengüita pequeñita, en una comisura de la boca, se paseaba al vaivén de la mía. Mi saliva entremezclada con la suya viscosa, saboreaba el agridulce torrente fluyendo de su inconmensurable profundidad. Fuertes columnas hercúleas, de brazos cual molinos de viento se agitaban y se engarzaban fuertes a mi cráneo; con ayuda de ellos, aquella boca no consentía dejar huir a su presa. En furor intenso y agitación constante, quería engullirme por completo. Me fatigué de besarla, ciertos vellos de sus labios picaban mis carrillos; la boca no pudo succionarme, y sus fuertes extremidades me liberaron exhaustos. Así permanecí segundos observándola, sus gruesos labios ahora henchidos por el fragor, permanecían palpitantes; balbuceando algo. No pude evitar en esos momentos, recordar al negro del saxofón con sus nauseabundos labios de secreción hedionda y verdosa; fuertes espasmos estomacales deseaban explotar fuera de mí. En medio de la intensa oscuridad de la noche, elevé mi vista hasta la cumbre de la majestuosa montaña, y escalando trémulo hacia ella, vi el fulgor de la mañana de un sol radiante; era el rostro del ángel, y dos resplandores en su rostro iluminándome, una nariz pequeñita, y los labios de grana entreabiertos…y me fundí con ella; penetrando sus entrañas entre baladros de pasión.

4. Cuando dejo de convulsionarme, me coges en brazos, entramos en la habitación y me depositas en la cama. Te desnudas mientras te observo. Me encanta ver como te desvistes para mí, lo haces despacio, demorando el momento, haciendo que me impaciente, hasta que por fin tu sexo erecto, aparece ante mí y acerco mi boca a él para venerarlo, sentándome en el borde de la cama. Tú estás de pie frente a mí, acaricias mi mejilla y yo abro la boca, la cierro sobre tu miembro erecto y empiezo a chuparlo con mucha delicadeza. Me encanta deleitarme en su sabor, sentir como resbala por mi boca, entrando y saliendo de ella, sentir la suavidad de tu piel y el calor. Muevo la lengua serpenteando alrededor de tu miembro viril, acaricio su piel con los dientes. Tus manos se posan sobre mi cabeza, deshacen el moño que me hice antes de salir y dejas caer mi pelo largo y liso sobre mis hombros, enredas tus dedos en él y diriges los movimientos. Te observo, tus ojos están cerrados, sé que estas disfrutando, que te encanta sentir mi boca caliente y húmeda alrededor de tu sexo. Y a mí me encanta saborearlo. Cada vez gimes más fuerte, por lo que haces que me detenga, me acuestas sobre la cama. Te arrodillas frente a mí, separas mis piernas, coges las braguitas por la goma y tiras hacía abajo, quitándomelas con lentitud, mientras besas mis piernas sensualmente. Dejas las bragas a un lado y asciendes beso a beso por mi pierna derecha hasta la ingle, luego repites la operación con la izquierda, yo te miro expectante, y tras eso, acercas tu boca a mi sexo, sacas la lengua y lames. Mi cuerpo se tensa al sentir ese contacto y empiezas a chupar mi clítoris, a lamerlo, a idolatrarlo haciéndome retorcer de gusto y deseo. Tu lengua se enreda en mis labios vaginales, se introduce en mi oscuro agujero y un nuevo gemido escapa de mi garganta. Te deseo y sé que me deseas, necesito tenerte dentro de mí, dejar que la luna derrame su luz sobre nuestros cuerpos mientras se une en un baile de pasión. Por eso, no demoras más el momento. Te levantas, te pones sobre mí, me miras a los ojos profundamente, sonríes y siento como tu sexo entra en el mío despacio, con calma, hasta llenarme completamente. Y nos quedamos así, unidos unos segundos, quietos, mirándonos, sin decirnos nada. Sólo sintiendo el calor de nuestros cuerpos.