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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Tu boca fue recorriendo una línea invisible, guiándote hasta mis labios húmedos deseosos de ser besados. Tu lengua ardiente jugueteaba en mi botón, mi cuerpo se excitaba provocando que mis ojos se cerraran y disfrutaran de aquellas deliciosas sensaciones. Tu lengua iba y venia adentrándose en mi; bebías y saboreabas mis líquidos, deleitándote con mi miel. Besaste mis muslos, mis rodillas, recorriste mis piernas completamente. Me diste la vuelta y quedando de espaldas a ti, recorriste mi cuello con tus labios. Mis oídos descubrieron sensaciones nuevas, llegando a un clímax inexplicable. Tu sexo crecía más y más al roce de mi piel. Voltee a ti y mis brazos y piernas te rodearon recibiéndote en un apasionado abrazo. Sentí la frescura de la tierra y la incandescencia de tu piel mientras tu espada lentamente fue incrustándose quedando aprisionado en mi deseo.

2. Me empujó para dejarme boca arriba. Se sentó sobre mí, dejando su culo contra mi boca. Agarró con su boca mi miembro y empezó a lamerlo. Introdujo el glande mientras con la mano me masturbaba. Yo tenía su ano frente a mí, pasaba mi lengua entre el final de sus labios mayores y su precioso agujero, iba y venía con mi lengua, metí un dedo en su culito y noté como se contraía. –Por favor no, sólo con la lengua.- le hice caso, para mi primaba su disfrute. Me olvidé de mis dedos y use mi lengua para acariciarlo. Ella me estaba proporcionado un placer inmenso. Notada como su pelo caía sobre mis piernas alrededor de su cabeza que estaba hundida sobre mi pene erecto. Al poco se levantó y alejó su culo de mi cara mientras decía: -Penétrame.- Dicho esto se sentó sobre mí, dándome la espalda, clavándome en su ser. Su vagina se amoldaba a mi miembro. Lo envolvía dándole cobijo y protección, haciendo que mis piernas empezaran a temblar de placer. Cabalgó sobre mí, notaba como sus músculos se tensaban. Se movía con rapidez moviendo su cadera mientras yo lo único que hacía era intentar concentrarme para no venirme. Mientras le acariciaba sus pies que habían quedado a ambos lados de mi, los sujeté fuerte y los apreté. Me estaba llegando un torrente de placer y no era el único. Su vagina se aferraba con numerosas contracciones que delataban que ambos estábamos en un orgasmo conjunto. Me vacié dentro de ella, la habitación olía a sexo.

3. En ese momento me sentí algo turbada; me encontraba desnuda en medio de ese florido campo sin saber si cubrirme o reírme. Tomaste el cobertor del suelo, sacudiéndolo, y pasándolo por encima de mí, me cubriste. Allá a lo lejos, el cielo pintaba colores y entre el azul y gris alumbraba el rojizo sol y jirones de nubes cubrían el firmamento.Tus ojos se toparon con los míos, solo se oía el rumor del viento, y tu boca suavemente llego a la mía mientras tus brazos lentamente me envolvían. Me acercabas tanto a ti, que podía sentir el palpitar de tu corazón, discretamente la manta fue cayendo sobre la tierra fresca del campo y pude sentir tus caricias sobre mi piel. Me rozabas sutilmente, sin prisas, me apretabas a ti, tratando de entibiar mi cuerpo con el tuyo, entre tanto tus besos me robaban suspiros.

4. Así que Mónica no llevaba ropa interior. No era algo inusual en ella, incluso antes de iniciar su relación con Marcos ya lo había probado en diversas ocasiones. Le gustaba sentirse liberada de esas pequeñas prendas, aunque también sabía usarlas con enorme conocimiento cuando la ocasión lo requería. Al levantarse aquella mañana de la cama, junto a su novio, Mónica se duchó y se dispuso a escoger la ropa que se pondría aquel día. Empezando con el morbo habitual entre ellos dos, le preguntó a Marcos, en un tono socarrón, que deseaba que se pusiera para vestirse. Él, acostumbrado ya a estas preguntas, le respondió desde el baño que no era necesario que se pusiera nada. Se refería a la ropa interior, por supuesto. Mónica, ni corta ni perezosa, le hizo caso, y se vistió tal como se encontraba en esos momentos en unos grandes almacenes.