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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Estuve un rato tomando el sol boca arriba, cuando me aburrí de esa postura me di la vuelta, ella seguía leyendo, me armé de valor y le dije: -Un libro muy interesante, una autentica obra maestra.- Giró su cabeza y me miró a los ojos. Con una calida voz suave me respondió: -Sí es muy interesante, la verdad es que se agradece tener un libro entre manos cuando se pasa tanto tiempo sola de aquí para allá.- Le pregunté que como es que pasaba tanto tiempo sola y me respondió que se debía a que trabajaba como ejecutiva de una multinacional y se pasaba el día de viaje. Poco a poco la conversación se fue animando. Me dijo que se llamaba Laura. Mientras hablábamos no podía evitar que mi mirada se dirigiera de continuo a sus pies, eran preciosos. Nos levantamos y nos dirigimos al bar de la piscina. Seguimos nuestra conversación, ella se dio cuenta de que me fijaba en sus pies. En un momento dado me miró a los ojos fijamente y cruzó las piernas sobre la banqueta del bar de tal manera que su pie descalzo pegaba sobre mi muslo interior. Seguí la conversación como si nada, intentando evitar su mirada porque me dejaba el alma congelada. Estuvimos toda la tarde hablando, cogimos confianza. Nos caímos tan bien que decidimos quedar para ir a cenar por la noche. Le dije que iríamos a un restaurante que conocía de cuando tenía reuniones de negocios, era del estilo de la nueva cocina, pertenecía a un destacado alumno de la escuela de Ferrán Adriá. Quedamos a las nueve y cada uno se retiró a su habitación a ducharse y vestirse.

2. Dirige sabiamente su pene hacía mi vagina y vuelve a penetrarme. Yo me incorporo un poco apoyándome sobre los codos y él coloca sus manos sobre mis senos y empieza a acariciármelos a la vez que comienza a moverse suavemente. Poco a poco va acelerando el ritmo. Gimoteo cada vez más fuerte, me vuelve loca sentir sus huevos repicando contra mi clítoris y su respiración en mi oído a medida que él precipita sus movimientos. De repente siento sus dientes mordiendo mi cuello y su lengua acariciándolo suavemente, justo debajo de mi oído y eso hace que mi piel se erice más, que las sensaciones se multipliquen y que el orgasmo se acelere. Él empuja con fuerza una y otra vez y en unos segundos mi cuerpo empieza a convulsionarse presa del orgasmo. Cuando termino, y sólo unos segundos después se corre él llenándome con su leche caliente. Me abraza con fuerza y yo me siento feliz.

3. Mi gozo se vio truncado cuando se acercó el camarero. Me dio un susto de muerte. Me recompuse como pude y pude ver en sus labios como se dibujaba en su comisura una mueca maligna que dejaba ver que sabía lo que hacíamos. Laura pidió de postre fresas bañadas en champán y yo pétalos de flor bañados en chocolate blanco. Terminamos lo más rápido que pudimos porque a ambos las ganas de sexo nos podían. Pagué con mi tarjeta de crédito. Salimos a la calle y a apenas dos metros de la puerta del restaurante la agarré por la cintura acercando su cuerpo al mío y besando sus rojos labios. Estuvimos mucho tiempo besándonos, pasaron muchos taxis por delante de la puerta del restaurante. Paramos a uno y nos dirigimos al hotel aguantando las ganas de besarnos y tocarnos por aquello de mantener la corrección.

4. Yo no me privaba de decirle lo que me hacía gozar ni de calificar con palabras claras y precisas, provenientes de los más vulgares lugares, sus habilidades como mamadora y máquina sexual educada en los más bajos burdeles recorridos por marineros borrachos.Sabía lo que hacía, me escuchaba y controlaba mis gestos. Llevo una mano al tronco de mi pene para acelerar el movimiento, la otra se deslizo con agilidad y picardía, mientras succionaba con fuerza me arrancó un nuevo grito de placer cuando su dedo con decisión y delicadeza perforó mi esfínter y arribó con precisión a masajear esa extraña tersura de mi próstata. Mis palabras y mis cuasi estertores le hicieron evidentes que mi leche estaba siendo lanzada en su interior. Cual experta movió sus dedos y sus labios para extraer esas últimas gotas que no habían sido expulsadas.