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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Al llegar a su cintura, con ambas manos la atraje hacia mí poniéndola en cuatro y disfrutando al maximo de cada segundo empecé a sacarle lentamente y al mismo tiempo, la mini y la tanga que llevaba puesta, muy lentamente, y diciendole que la amaba y la deseaba... Poco a poco, empecé a besar entre sus nalgas, el pensar que estaba por besar el el clitoris de agustina me puso a mil!, estaba exitado como nunca antes en mi vida lo habia estado y entonces, llegue a ese centro de placer, olia a limpio, a sexo prohibido y a verdadero amor; al llegar saque mi lengua y empecé a lamerlo con el amor y la dedicación que solo merecia mi hermana, ella me ayudaba con las manos separando los cachetes de su cola, el perfume del placer me estaba volviendo loco, ya quería sentirla, sentirla toda, hacerla mia y probar sus jugos, su saliva, su amor, sus miedos, sus deseos; ya no aguantaba mas. Transiprabamos, gemiamos, nos sentiamos mas hermanos que nunca, estabamos disfrutandonos y amandonos como nadie se podia imaginar, ni siquiera nosotros mismos. ella gemía de la manera mas tierna y caliente que he visto hasta el dia de hoy, no era solo sexo, habia algo mas, habia AMOR verdadero.

2. Mónica tomó asiento, sin dejar de mirar a los ojos de Marcos, y con una sonrisa casi imperceptible en su cálida boca. Marcos asimiló por fin la situación, y le pareció inmensamente morbosa y excitante. Notó un movimiento en su entrepierna…no era para menos, su novia le acababa de entregarle sus braguitas en medio de un restaurante repleto de gente. Allí estaba ella, tan guapa con ese elegante vestido, y a la vez tan morbosa…Marcos supo que había encontrado a su alma gemela, al amor de su vida. Agarró la prenda íntima de su novia, y pensó en dejarla en algún sitio a buen recaudo, como queriendo esconderla, pero no supo dónde guardarla…luego, yendo al otro extremo, pensó en llevársela a la cara, y olerla tiernamente. Le excitaba hacer eso en presencia de Mónica…y de otras personas anónimas. Su erección estaba más que consumada. Pero al final no se atrevió, y decidió dejarlas donde Mónica quiso dejarlas caer…al fin y al cabo, era el sitio más seguro para tenerlas bajo custodia. Mónica, por su parte, sentía un suave cosquilleo en su estómago, pero se encontraba tremendamente excitada. Al sentarse había notado con más intensidad el frío de la silla. Había pensado también en hacer algo más, pero que ya vio que seria inviable…al menos en esa noche. Quería que su novio lo viera con sus propios ojos.

3. Así que Mónica no llevaba ropa interior. No era algo inusual en ella, incluso antes de iniciar su relación con Marcos ya lo había probado en diversas ocasiones. Le gustaba sentirse liberada de esas pequeñas prendas, aunque también sabía usarlas con enorme conocimiento cuando la ocasión lo requería. Al levantarse aquella mañana de la cama, junto a su novio, Mónica se duchó y se dispuso a escoger la ropa que se pondría aquel día. Empezando con el morbo habitual entre ellos dos, le preguntó a Marcos, en un tono socarrón, que deseaba que se pusiera para vestirse. Él, acostumbrado ya a estas preguntas, le respondió desde el baño que no era necesario que se pusiera nada. Se refería a la ropa interior, por supuesto. Mónica, ni corta ni perezosa, le hizo caso, y se vistió tal como se encontraba en esos momentos en unos grandes almacenes.

4. Después de la tormenta siguió la calma y nos encontramos sumergidos en un sopor delicioso, disfrutamos de esa tranquilidad al máximo, observando cada línea de nuestro rostro, cada cabello, cada espacio entre los dos. Al cabo de un tiempo te acercaste a mi y susurraste en mi oído - "Quiero besarte", suavemente te inclinaste y juntaste tus labios a los míos, ansiosamente los abrí y sentí tu lengua caliente jugar con la mía para después separarte lentamente y recorrer mansamente mi cuello y mis brazos con tus besos, regresaste nuevamente hasta mi pecho y creaste nuevas sendas entre ellos, bajando poco a poco hasta mi vientre mientras tus manos apretaban mis caderas, la sensación de placer iba en aumento, hasta que por fin llegaste a mi vulva, frotaste tu rostro en el vértice de mi entrepierna e inhalaste profundamente mis olores hasta embriagarte, tu lengua anido en mi pubis y jugaste dulcemente con el, suavemente lo succionabas y lo mordías, mi cuerpo se contraía, se estiraba, hasta llegar al punto de apresar tu rostro entre mis piernas y mis líquidos salieron desbocados hacia ti.