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Soy Bárbara, una impresionante rubia con "enormes" razones para conocerme. Guapa, alta, bonitas formas y muy sexual ... Acuéstate mientras recorro con mis opulentos pechos todo tu cuerpo, acaríciame deslizando tus manos por mi fina cintura y mis tersos muslos, devórame saboreando cada pedacito de mi piel ... hazme tuya, mi entrepierna está ansiosa por acoger tu pasión.

Como comprobarás soy pura perversión, un cuerpo exuberante que desborda erotismo, un rostro angelical y una pasión que deja exhausto al mejor de los amantes. Ven a descubrir el mejor sexo en Madrid.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Yo no me privaba de decirle lo que me hacía gozar ni de calificar con palabras claras y precisas, provenientes de los más vulgares lugares, sus habilidades como mamadora y máquina sexual educada en los más bajos burdeles recorridos por marineros borrachos.Sabía lo que hacía, me escuchaba y controlaba mis gestos. Llevo una mano al tronco de mi pene para acelerar el movimiento, la otra se deslizo con agilidad y picardía, mientras succionaba con fuerza me arrancó un nuevo grito de placer cuando su dedo con decisión y delicadeza perforó mi esfínter y arribó con precisión a masajear esa extraña tersura de mi próstata. Mis palabras y mis cuasi estertores le hicieron evidentes que mi leche estaba siendo lanzada en su interior. Cual experta movió sus dedos y sus labios para extraer esas últimas gotas que no habían sido expulsadas.

2. La joven salió de su habitación, fue al cuarto de baño, lavó su cara y sus manos resignada y triste, enfadada, y, aún en pijama, entró a tomar el desayuno a la cocina. Masticaba la comida con desgana, cuando, sorprendida, miró por la ventana al cielo, y vio que estaba exactamente igual que en su sueño. Azul, con un sol espléndido, y sin rastro de nubes. Al principio se sintió extrañada, pero luego no le dio importancia, ya que, al fin y al cabo, estaban a finales de Abril, y era lógico que, con la primavera, los días de buen tiempo fueran numerosos. A ella le gustaban esos días, pero odiaba trabajar con tanto calor. Cuando hubo tomado un café y algo de comer, bajó a la tienda, y se dispuso a sacar las macetas a la calle para que recibieran directamente los beneficiosos rayos del sol, y tuvieran así algo de la luz que Ángela necesitaba en su vida, pero que, atada a su timidez, nunca conseguiría.

3. Tu boca fue recorriendo una línea invisible, guiándote hasta mis labios húmedos deseosos de ser besados. Tu lengua ardiente jugueteaba en mi botón, mi cuerpo se excitaba provocando que mis ojos se cerraran y disfrutaran de aquellas deliciosas sensaciones. Tu lengua iba y venia adentrándose en mi; bebías y saboreabas mis líquidos, deleitándote con mi miel. Besaste mis muslos, mis rodillas, recorriste mis piernas completamente. Me diste la vuelta y quedando de espaldas a ti, recorriste mi cuello con tus labios. Mis oídos descubrieron sensaciones nuevas, llegando a un clímax inexplicable. Tu sexo crecía más y más al roce de mi piel. Voltee a ti y mis brazos y piernas te rodearon recibiéndote en un apasionado abrazo. Sentí la frescura de la tierra y la incandescencia de tu piel mientras tu espada lentamente fue incrustándose quedando aprisionado en mi deseo.

4. Me entretuve un rato en tu entrepierna tocando tu coño por encima de tu tanga, pero tu con una de tus manos mientras yo acariciaba tu coño retiraste hacia un lado el tanga para que pudiera disfrutar de todas del amor que se desprendía de tu entrepierna, al sentir esa humedad y comprobar que querías que te tocase ahí y de esa forma empecé a bajarte los pantalones, que con tu ayuda resultó ser mas fácil y rápido, cuando dejaste al descubierto tal maravilla no pude contenerme y bajé mi cabeza hasta tu coño para poder saborear el amor que fluía del coño mas hermosa que había visto, empecé por besarlo pero pronto de besarlo y comencé a lamer los labios vaginales, hasta encontrar tu clítoris, la sensación fue tan agradable comprobar que cada vez que pasaba mi lengua Por él, tú te estremecías de placer, que mi estado era de éxtasis total, combinaba el lamer tu clítoris con leves mordisquitos en él, a la vez que introducía uno o dos dedos en la vagina. Cuando hacia esto podía escuchar tus gemidos de placer, gemidos que me seguían estremeciendo.