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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Caí rendida ante ti, reuniéndose dulcemente nuestros cuerpos. El momento era perfecto, las flores, ese cielo repleto de estrellas, la luna inundándonos de fosforescencias, el aire cálido y suave rodeándonos, tu cuerpo y el mío, aun entretejidos. Cerré los ojos y sin darme cuenta, me perdí en la oscuridad. ¡Desperté sobresaltada en la madrugada y tú no estabas a mi lado! Tristemente me di cuenta que solo había sido un sueño, no obstante tu estabas por llegar, así que apresuradamente me vestí, con la esperanza de que mi sueño se hiciera realidad, y quizá... ¡Yo ayudaría a que eso pasara!

2. Mirando a través del escaparate vio a Marisa cruzar la acera en dirección a ella y pensó, por un momento, que no estaría mal que un coche pasara por encima de ella, dejándole el camino libre con Raúl. A pesar de lo que habían hablado en el hospital el joven y ella, no estaba nada convencida con lo que él le dijo, y quería a toda costa acabar a su lado, si cabe, ahora más que nunca. Y ya no pensaba ser ella la que siempre sufriera. Durante el tiempo que había estado en cama, se había dado cuenta de que nadie mostraba sinceridad al hablar con ella en el hospital, sólo sus padres. Ni las vecinas, ni las compañeras del instituto que la conocían de toda la vida. Nadie. Todos la miraban como a un bicho raro, una incomprendida, algo inferior, enfermo, despreciable, y pensó, por una vez, en su felicidad, y no en lo que pudieran pensar los demás al verla hacer las cosas. La chica tímida y vergonzosa se había transformado en la chica fría y egoísta.

3. Yadira se puso en pie y le besó con pasión dejándole a mitad del beso, sediento de ella. Se apartó un poco para que él pudiera verla y deslizó la tela por sus hombros dejándola caer al suelo con un suave susurro y se quedó allí, quieta, desnuda frente a él, dejándole recorrerla con sus ojos, comérsela con la mirada. El pene de él se hinchó un poco más con la exquisita belleza de su desnudez; los pezones de ella se endurecieron volviéndose de un tono rosa oscuro y contrastando con la blanca piel de sus pechos y su entrepierna. Hacía frío en los calabozos, y la piel se le puso de gallina, pero aún así le dejó mirarla hasta que su propia calentura no le dejó más remedio que pasar a la acción. Soltó las cadenas liberando sus brazos, no así sus manos que seguían unidas entre sí por unos 40 centímetros de cadena. Él quiso tomar el control, pero ella se lo impidió, le tomó de los cabellos y le obligó a bajar el rostro hasta sus pechos.

4. Te saque la playera y tu piel se fundió a la mía, metí mis manos entre los dos y lentamente desabroche tu pantalón. Te fui desvistiendo hasta quedar desnudos los dos. Tu virilidad exhalaba calor y quemaba mi vientre a su contacto. Acomodamos el cobertor entre las flores y su olor, que ya empezaba a mezclarse con el tuyo y el mío. El aire suave y cálido acariciaba nuestra piel convirtiéndose en nuestro cómplice y creándonos mayores sensaciones.Enrede tu cuerpo al mío, al mismo tiempo que tus besos llenaban mi boca. Sentí tu lengua viajar por cada surco de mi piel. Tus manos tibias acariciaban lentamente mi espalda, mi cadera, mis nalgas, sobandolas, apretándolas y suavemente abriéndolas. Bajaste hasta mis pies y besaste cada uno de ellos, cada dedo, cada espacio.