Saunas Madrid

Servicio de saunas eróticas en Madrid

Soy Estíbaliz, una preciosa joven española, estudiante y no profesional. Me considero sexy, divertida y encantadora. Creo que soy la mejor vía de escape para olvidar la rutina diaria, y una compañera generosa y apasionada, llena de intriga, deseo y mucha pasión. Sólo sé tratar a mis parejas como a mis novios, ya que es la única manera en la que entiendo el sexo.

Una vez desnudos, compartir en una ducha muy erótica, sauna baño de hidromasaje y, finalmente, consumirnos de pasión en la intimidad de nuestro lecho de amor.. Conóceme en mi piso particular y disfruta como en las mejores saunas en Madrid.

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Asientes con la cabeza, me besas y lentamente te colocas con las piernas abiertas en mi regazo, mi sexo esta en la posición correcta, poco a poco te penetra, se desliza suavemente. Un suspiro escapa de tu boca al comprobar que toda mi extensión se ha perdido en tus carnes. La danza erótica comienza, lentamente, como el barco zarpando de un tranquilo puerto, a medida que te beso y estrujo entre mis manos tus pechos, los jadeos se hacen más intensos. El ritmo va en ascenso, en algún momento de la escalada me miras con atención a los ojos, sé lo que significa. Te abrazo entonces, arremeto con mayor fuerza, tu placer se sonoriza, deseas más. Dadivoso te complazco. Las sensaciones se intensifican, el mundo se aleja de la realidad, somos ahora uno solo, envueltos en un halo de placer increíble. Me excita mirarte así, nos recorremos mutuamente, las manos de ambos se pierden entre los cuerpos, el deseo de fundirme en ti viene ahora. Nos liberamos juntos en un gran orgasmo, el tiempo se detiene, en el Universo solo existimos tú y yo. Retenemos la respiración y caemos rendidos ante la gloria. Nos besamos tiernamente, en un abrazo relajamos los cuerpos, ha sido maravilloso. Te pido que subas a la cama…

2. Ahora parece que nos tomamos un respiro y nos separamos, nos miramos sin decirnos nada e intentamos que alguna parte de nuestros cuerpos siempre se sigan tocando Tu pecho se separa de mí, pero tu pelvis intenta seguir tocan mi pene erecto por el amor y la pasión del momento, tu abres un poco las piernas para poder llegar mejor a mi miembro, con una mirada maliciosa pero encantadora, te acercas a mí pene y cuando lo consigues empiezas a frotarte lentamente, mientras sigue mirándome de esa forma excitante. Mientras sigues frotándote con mi pene me coges de las manos y las llevas a tus pechos y empujando tu misma. Yo no tardo mucho en meter mis manos por debajo de la camiseta y acariciar tus pechos solamente separando un sujetador negro y sexy de tocar tus pechos.Sigo tus indicaciones y acaricio tus pechos mientras nos besamos apasionadamente, mis manos no tardan en deslizarse por tu espalda para desbrocharte el sujetador y dejar tus pechos al aire, cuando notaste que te desabroché el sujetador tu misma y ante mí asombro tu te quitaste la camiseta haciendo que me echara hacia atrás para ver tus hermosos pechos y seguir acariciando y besándolos. Tú seguías empujando tu pelvis contra mi paquete y cada vez con mas fuerza, bajé una de mis manos hasta tú culo para apretar aún con mas fuerza, contra mi paquete, estábamos desenfrenados y ya empezábamos a soltar algún que otro gemido, eso me excitaba más.

3. En ese momento me sentí algo turbada; me encontraba desnuda en medio de ese florido campo sin saber si cubrirme o reírme. Tomaste el cobertor del suelo, sacudiéndolo, y pasándolo por encima de mí, me cubriste. Allá a lo lejos, el cielo pintaba colores y entre el azul y gris alumbraba el rojizo sol y jirones de nubes cubrían el firmamento.Tus ojos se toparon con los míos, solo se oía el rumor del viento, y tu boca suavemente llego a la mía mientras tus brazos lentamente me envolvían. Me acercabas tanto a ti, que podía sentir el palpitar de tu corazón, discretamente la manta fue cayendo sobre la tierra fresca del campo y pude sentir tus caricias sobre mi piel. Me rozabas sutilmente, sin prisas, me apretabas a ti, tratando de entibiar mi cuerpo con el tuyo, entre tanto tus besos me robaban suspiros.

4. Cuando dejo de convulsionarme, me coges en brazos, entramos en la habitación y me depositas en la cama. Te desnudas mientras te observo. Me encanta ver como te desvistes para mí, lo haces despacio, demorando el momento, haciendo que me impaciente, hasta que por fin tu sexo erecto, aparece ante mí y acerco mi boca a él para venerarlo, sentándome en el borde de la cama. Tú estás de pie frente a mí, acaricias mi mejilla y yo abro la boca, la cierro sobre tu miembro erecto y empiezo a chuparlo con mucha delicadeza. Me encanta deleitarme en su sabor, sentir como resbala por mi boca, entrando y saliendo de ella, sentir la suavidad de tu piel y el calor. Muevo la lengua serpenteando alrededor de tu miembro viril, acaricio su piel con los dientes. Tus manos se posan sobre mi cabeza, deshacen el moño que me hice antes de salir y dejas caer mi pelo largo y liso sobre mis hombros, enredas tus dedos en él y diriges los movimientos. Te observo, tus ojos están cerrados, sé que estas disfrutando, que te encanta sentir mi boca caliente y húmeda alrededor de tu sexo. Y a mí me encanta saborearlo. Cada vez gimes más fuerte, por lo que haces que me detenga, me acuestas sobre la cama. Te arrodillas frente a mí, separas mis piernas, coges las braguitas por la goma y tiras hacía abajo, quitándomelas con lentitud, mientras besas mis piernas sensualmente. Dejas las bragas a un lado y asciendes beso a beso por mi pierna derecha hasta la ingle, luego repites la operación con la izquierda, yo te miro expectante, y tras eso, acercas tu boca a mi sexo, sacas la lengua y lames. Mi cuerpo se tensa al sentir ese contacto y empiezas a chupar mi clítoris, a lamerlo, a idolatrarlo haciéndome retorcer de gusto y deseo. Tu lengua se enreda en mis labios vaginales, se introduce en mi oscuro agujero y un nuevo gemido escapa de mi garganta. Te deseo y sé que me deseas, necesito tenerte dentro de mí, dejar que la luna derrame su luz sobre nuestros cuerpos mientras se une en un baile de pasión. Por eso, no demoras más el momento. Te levantas, te pones sobre mí, me miras a los ojos profundamente, sonríes y siento como tu sexo entra en el mío despacio, con calma, hasta llenarme completamente. Y nos quedamos así, unidos unos segundos, quietos, mirándonos, sin decirnos nada. Sólo sintiendo el calor de nuestros cuerpos.