Sado Barcelona
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Dominación y sumisión
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1. Apenas acabó, la acoste en la arena, boca abajo y me puse sus piernas una a cada lado de mis hombros, sintiendo que el momento por fin habia llegado; era hora de hacerlo, ella lo queria, yo lo deseaba, habia una confianza ciega entre nosotros y por sobre todo eramos hermanos y nos amabamos en serio, ambos queriamos lo mejor el uno para el otro... Decidido y ansioso puse mi pija entre las piernas de agus. Al sentirla, gimió, y me acercó para que la besara. Me puse encima, todavía sin metérsela toda, y le dije: "este va a ser nuestro secreto mas hermoso Agustina" "Te amo hermanito, cojeme...", dijo ella,... entonces comenze a penetrar a mi hermana, despacio, seguro de controlar la situación, sintiendo un placer indescriptible, lanzando ambos un gemido hermoso y queriendo estar así toda la vida.
2. Al mismo tiempo, con una mano le acariciaba su nalga derecha, estirando la piel alrededor de su culo y mientras le metia la pija hasta el fondo, cada ves más rápido y tratando de que mis huevos no se quedaran afuera, apretando mi pubis junto al suyo, lleno de hermosos pelitos negros, sintiendo lo hermoso que es hacerle el amor de esa manera a alguien que uno ama con toda el alma, asi esta sea tu propia hermana de sangre, sintiendo los carnosos labios de su sexo tragarse una y otra vez con voracidad mi pija a punto de estallar, sintiendo el calor de mi hermana que estaba a punto de acabar, sabiendo que quizas eso nunca debió de ocurrir y sabiendo la envidia que de saber lo que estaba pasando me tendrian muchos que hubiesen pagado lo que no tenian por estar como yo estaba con agustina y tambien la de aquellos que nunca van a saber lo que es el verdadero placer, el que se siente al hacerle el amor a alguien con todos los sentidos puestos en ella, asi esa personita sea tu hermana, ¿acaso importa eso si ambos se atraen fisicamente, si hay consentimiento de ambas partes, si no se le hace mal a nadie y fundamentalmente si se quieren como nos queremos mi hermana y yo?, para mi esto fue, es y será amor verdadero. el que rompe con todas las barreras.
3. Cierro los ojos y siento que no hay nadie allá afuera, sólo estamos él y yo, y el fuego que arde dentro de nosotros. El mundo podría hundirse bajo mis pies y no me importaría porque él esta conmigo y yo estoy con él. Una de mis manos se desliza hasta su miembro erecto. Lo acaricio suavemente, pero enseguida debo abandonarlo, porque él se agacha. Besa mis senos, los chupetea y sigue hacía bajo por mi vientre hasta llegar a mi sexo. Abro las piernas y siento su dedos moviéndose diestramente, acariciando, y haciendo que la excitación suba y mi respiración se vuelva jadeante. Noto su lengua sobre mi clítoris moviéndose sinuosamente. Suspiro profundamente, mientras con mis manos empujo su cabeza hacía mi sexo. Su lengua baila de mi vagina a mi clítoris alternativamente y las piernas empiezan a flaquearme. Por eso, él se pone en pie y me lleva hasta la cama. Me siento en el borde y abro mis piernas, mientras él se arrodilla entre ellas. Hurga de nuevo entre mi pelo púbico, introduce un dedo en mi vagina y mi cuerpo se tensa. Luego acerca su boca a mi sexo y empieza a lamerlo. Gimo y me estremezco al sentir su boca y me acuesto sobre la cama, mientras él sigue lamiendo e introduciendo un par de dedos en mí de vez en cuando.
4. Yadira golpeó el agua con el puño y se irguió malhumorada de la bañera dejando caer el agua tibia por su cuerpo, que brillaba bajo el danzante baile de las llamas de las velas. Se echó una bata de fina seda negra sobre el cuerpo que, si bien la cubría por completo, era lo bastante fina como para dejar entrever lo que había debajo; así ataviada salió de su aposento en dirección a los calabozos. Necesitaba saberlo, necesitaba oírselo decir. Sus pies descalzos resonaron en la lóbrega piedra de la escalinata, con un gesto ordenó al soldado que estaba de guardia que se marchara y los dejara a solas, éste le tendió la llave y se alejó de allí sin hacer preguntas. Yadira hizo girar la llave en la cerradura y la puerta se abrió con un desagradable chirrido. Davor estaba allí, con los brazos en alto firmemente sujetos por argollas que colgaban del techo, le había quitado la armadura y ahora tan solo llevaba los calzones de cuero negro y las botas, su torso estaba totalmente desnudo y dejaba ver varias heridas del arma de Yadira. La mujer tuvo que hacer un esfuerzo para no correr a liberarlo, se encaró con él haciendo gala de su gesto más indiferente, aunque él sabía que el fuego ardía en su interior.