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Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
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1. Te empuje hacia atrás, quedando yo al dominio del placer. Tus manos amasaban mi pecho, los colmabas de besos. Apretabas mis nalgas, abriéndolas despacio, metiendo entre ellas tus dedos buscando por donde más penetrarme. Mi cuerpo temblaba, sucumbía de placer y junto con el tuyo, fueron cubriéndose de roció, que al contacto con nuestra piel hervía al instante. La noche empezaba a envolvernos, la luna distante con su manto de estrellas nos envidiaba. Irradiábamos luz propia, encontrándonos al rojo vivo; mi botón al roce con tu pubis estaba listo para explotar. Mis movimientos fueron cada vez más embravecidos, transportándonos al cielo en un instante.
2. Mónica, ese día, le sorprendió muy gratamente. Llevaba puesto un vestido totalmente negro, muy elegante, de una sola pieza, que le cubría casi la totalidad de su cuerpo, exceptuando sus sensuales pies y un incansable y siempre sugerente escote. Si figura y la sinuosidad de sus curvas se apreciaban mejor que nunca, aunque, eso sí, bajo un tela fina negra. Mónica estaba radiante, hermosa. Marcos, a su lado, tuvo la sensación que debía cuidarse y arreglarse más, aunque se trataba de un chico guapo, simpático, y con un encanto especial. Se sentaron en la zona céntrica del restaurante. Estaban rodeados por otras parejas que deseaban pasar una velada romántica en ese distinguido restaurante. Pidieron lo que iban a tomar, y empezaron a hablar de sus cosas, a veces de forma caótica, yendo de un tema a otro, pero siempre terminaban la charla recordando lo mucho que se querían. Comieron con entusiasmo el primer y el segundo plato, y justo cuando habían pedido los postres, Mónica se disculpó y se dirigió al baño.
3. Dirige sabiamente su pene hacía mi vagina y vuelve a penetrarme. Yo me incorporo un poco apoyándome sobre los codos y él coloca sus manos sobre mis senos y empieza a acariciármelos a la vez que comienza a moverse suavemente. Poco a poco va acelerando el ritmo. Gimoteo cada vez más fuerte, me vuelve loca sentir sus huevos repicando contra mi clítoris y su respiración en mi oído a medida que él precipita sus movimientos. De repente siento sus dientes mordiendo mi cuello y su lengua acariciándolo suavemente, justo debajo de mi oído y eso hace que mi piel se erice más, que las sensaciones se multipliquen y que el orgasmo se acelere. Él empuja con fuerza una y otra vez y en unos segundos mi cuerpo empieza a convulsionarse presa del orgasmo. Cuando termino, y sólo unos segundos después se corre él llenándome con su leche caliente. Me abraza con fuerza y yo me siento feliz.
4. Abro la boca, la acerco a tu cuello y tú acercas la tuya al mío. Clavo mis colmillos en ti, tú clavas los tuyos en mí, y empiezo a sentir como tu dulce sangre llena mi boca, mientras la mía llena la tuya. Los latidos se confunden y una amalgama de sensaciones llenan nuestros corazones. Empezamos a movernos uno contra el otro cada vez más rápidamente y el orgasmo empieza a nacer en mí y también en ti, siento que tu sexo se hincha dentro de mí, en pocos segundos estallo en un demoledor éxtasis de pasión a la vez que tú también te derramas en mí, mientras nuestras sangres nos recorren. Es el éxtasis supremo. Cuando ambos dejamos de convulsionarnos, apartamos las bocas y te tumbas a mi lado. El sopor empieza a apoderarse de mí, te levantas y cierras la puerta del balcón. Vuelves junto a mí. Recuesto mi cabeza sobre tu hombro y siento como el sueño me vence. El juego ha terminado. Nuestra noche se acabó.