Azafatas Barcelona

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Los relatos del día

Disfruta de estos 4 pequeños relatos eróticos:
Relatos aleatorios
1. Caí rendida ante ti, reuniéndose dulcemente nuestros cuerpos. El momento era perfecto, las flores, ese cielo repleto de estrellas, la luna inundándonos de fosforescencias, el aire cálido y suave rodeándonos, tu cuerpo y el mío, aun entretejidos. Cerré los ojos y sin darme cuenta, me perdí en la oscuridad. ¡Desperté sobresaltada en la madrugada y tú no estabas a mi lado! Tristemente me di cuenta que solo había sido un sueño, no obstante tu estabas por llegar, así que apresuradamente me vestí, con la esperanza de que mi sueño se hiciera realidad, y quizá... ¡Yo ayudaría a que eso pasara!

2. Grande fue mi asombro al salir y encontrarle tendido en la cama profundamente dormido. Ahí estaba yo pensando en el destino y el se había quedado dormido con la música de Chopin como fondo. Alguien podría haberse enojado pero a mi solo me producía inmensa ternura verle allí dormido, su respiración acompasada y sus manos reposando sobre la almohada. Yo, con un desacostumbrado arrojo me libere de la toalla y me senté a su lado en la cama. Con cuidado de no despertarlo le quite sus zapatos, me tumbe a su lado arropándonos con una sabana blanca y finalmente abrazada a su espalda y sintiendo mi cuerpo desnudo y aun fresco por la ducha pegado al suyo tibio y cubierto por un jeans y una camiseta. Al poco rato de escuchar el ritmo regular de su respiración y sentir el sube y baja de su pecho, yo también me quede dormida.

3. Te saque la playera y tu piel se fundió a la mía, metí mis manos entre los dos y lentamente desabroche tu pantalón. Te fui desvistiendo hasta quedar desnudos los dos. Tu virilidad exhalaba calor y quemaba mi vientre a su contacto. Acomodamos el cobertor entre las flores y su olor, que ya empezaba a mezclarse con el tuyo y el mío. El aire suave y cálido acariciaba nuestra piel convirtiéndose en nuestro cómplice y creándonos mayores sensaciones.Enrede tu cuerpo al mío, al mismo tiempo que tus besos llenaban mi boca. Sentí tu lengua viajar por cada surco de mi piel. Tus manos tibias acariciaban lentamente mi espalda, mi cadera, mis nalgas, sobandolas, apretándolas y suavemente abriéndolas. Bajaste hasta mis pies y besaste cada uno de ellos, cada dedo, cada espacio.

4. De repente siento como frota su sexo erecto contra el mío, lo guía hasta mi agujero vaginal y muy despacio me penetra. Me incorporo y lo abrazo con mis piernas y mis brazos, mientras siento como pega su cuerpo al mío. Empezamos a movernos ambos, acoplando nuestros cuerpos, sintiéndonos el uno al otro, el uno dentro del otro. Siento su sexo entrando y saliendo de mí, gimo, y me convulsiono igual que él. Siento su respiración entrecortada en mi oído. Su abrazo cubriéndome por completo y el fuego del deseo creciendo entre ambos. Dos cuerpos pegados que nada ni nadie, ahora mismo, podrían separar. La carrera hacía el éxtasis se va alargando. Siento su verga hinchándose dentro de mí y vuelvo a acostarme sobre la cama. Estoy apunto de llegar a la cima y él lo sabe, por eso se detiene. Saca su sexo de mí. Y me hace poner boca abajo. Siento uno de sus dedos acariciando mi nalga y descendiendo hasta mi entrepierna, acaricia la humedad de mi sexo y luego se tiende sobre mí, siento su verga entre mis piernas y el glande chocando con mi vulva. Abro las piernas y espero para recibirle otra vez.